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21 de Enero de 2017

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 ¿Cuánto estamos dispuestos a sufrir, a ser infelices? Cuál sería nuestro techo?
 
Repasemos la parábola de  “La flecha envenenada”, ilustrada por Gautama Buda, aparentemente luego que un discípulo escuchara impaciente las “14 preguntas sin respuesta” de su maestro. La historia aparece en el Majjhima Nikaya, una colección de textos atribuidos a Buda, que forman parte del Canon Pali.
 
“Una vez un hombre fue herido con una flecha envenenada. Quienes lo acompañaban, rápidamente quisieron llamar a un médico para que lo atendiera y curara. El hombre se negaba diciendo: “¡Espera! Antes quiero saber el nombre de quien me ha herido, a que casta pertenece, no permitiré que nadie me toque hasta saber quienes eran sus padres, de donde proviene su familia, si es honesto, o deshonesto; alto, fuerte; tez clara u oscura. Conocer de que está hecha la flecha, si de pino o bambú. Si la pluma de la flecha proviene de un  halcón, de un buitre o de un pavo real. Quiero saber que tipo de arco la disparó, si común o curvo, hecho con una vara de madera o con huesos de buey. Necesito saber todo esto que es muy importante, antes de retirar la flecha.
Continuó así el hombre, haciendo todo tipo de preguntas, hasta que el veneno hizo su efecto y él murió sin conocer las respuestas”.
 

La parábola puede interpretarse de múltiples maneras, como todo cuento.
Me surge la idea de lo complejo de nuestra mente, que nos lleva muchas veces por caminos sinuosos. Tantas cosas que deseamos saber, entender, tanto tiempo invertido en pensar en cosas que no son esenciales a nuestro bienestar, que no aportan a nuestra felicidad. 
 
Todos estamos heridos con flechas envenenadas, de alguna manera. Desde el día que nacimos, venimos con fecha de caducidad, aunque actuemos como que no.   Muchas veces sufrimos en silencio, sin encontrar respuesta a nuestras penas. Quedamos rumiando temas que nos desvían de lo esencial y nos llevan por laberintos que no aportan. Así es la naturaleza de nuestra mente.
Pero tenemos la posibilidad de sanar nuestras heridas, arrancar la flecha. Buda decía que la causa principal del sufrimiento es la ignorancia. Lograr salir del laberinto de nuestra mente, de esa rumiación constante e infértil, de constantes especulaciones que nos exigen respuestas y nos empantanan más en el sufrimiento.
Conectarnos con el presente, momento a momento, es una salida de ese laberinto. El pasado no se puede cambiar, el futuro no ha sucedido aún. Lo único que tenemos es el presente. El único lugar donde podemos hacernos conscientes, actuar, tomar decisiones, sacarnos la flecha envenenada, sanar, liberarnos del dolor y comenzar de nuevo.

Categoría: Bienestar